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¿Con quién estudian tus hijos?

Por Telmo Peña Amaya, Rector Vermont School

Con frecuencia nos preocupa esta pregunta. En los colegios privados internacionales de Latinoamérica muchas veces se preocupan por este asunto y hacen rigurosos filtros para que en sus aulas se conglomeren las familias de los más pudientes y de apellidos más distinguidos como atributo de la educación que se imparte. Aun así, ¿es esto el propósito de los colegios? ¿Hace esto bien para la sociedad en la que vivimos? Es más, ¿es esto un atributo deseable en la formación de una futuro ciudadano o líder?

La oportunidad de la formación en valores de una persona sin duda es constante a lo largo de su vida, pero es claro que los pilares de las determinaciones éticas, sociales y morales de los humanos están asociados con sus experiencias educativas de casa y sociedad inmediata (colegios) en los años de la niñez y de la juventud. Es desde allí en donde se aprende a trabajar en equipo, a respetar el medio ambiente y cultivar las amistades y buenas relaciones con las personas sin distinción de su linaje o condición socio-económica.

Es por esto que los colegios son una excelente oportunidad de generar ambientes sociales plurales en donde haya legítimamente personas de diferentes procedencias culturales, pero especialmente socioeconómicas. En los colegios debe haber una preocupación real por querer cerrar las brechas sociales a partir de una comprensión del entorno y una capacidad empática hacia todas las condiciones sociales. Estimo que una de las ventajas más grandes que puede tener un sistema educativo avanzado es que trabaje en este tema de manera decidida e incluso de manera tan dedicada como a la diferencia cognitiva que tan de moda se ha puesto. Pienso incluso que este tema de la inclusión social y todo el trabajo que se pueda hacer al respecto puede ser un gran motor de avance como país y región.

Pensemos en esto: En gran parte de nuestras ciudades hay una buena cantidad de colegios privados de una calidad académica superior, pero sólo puede asistir una minoría de niños de familias que tienen los recursos económicos necesarios para que sus hijos puedan desarrollar su potencial en ellas. Sin duda hay colegios estatales gratuitos que son excelentes, pero poniéndonos la mano en el corazón también nos toca declarar que son una minoría. ¿Debemos entonces esperar que el Estado mejore esta situación? ¿Cuánto tiempo durará esto?

Creo que en los colegios privados de alta calidad y muchas veces de costos considerables, deben tener programas ambiciosos de inclusión social, que en sus aulas habiten niños con diferentes condiciones económicas y que esto sea un atributo tan importante como el tener un programa bilingüe, profesores nativos de otros lados o interesantes programas europeos o norteamericanos.

Seguramente si lográramos que las familias de estos colegios vean esto como un atributo positivo y que ante la pregunta de ¿con quién estudian tus hijos? se diga con orgullo que estudian con personas de todos los estratos y condiciones y que esto es parte importante de su formación, podemos dar un paso adelante en ser mejores personas, patronos, empleados y coequiperos. Además, abriremos unas puertas muy importantes para muchas personas que desde sus condiciones socioeconómicas desventajosas puedan tener una educación que los lleve a ellos, sus familias y su comunidad inmediata a cambios positivos trascendentales.

 

 

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