logo

Todo tiene su final

La hora se acerca cada vez, es un momento muy especial, nostálgico e inquietante: nuestro tiempo en el colegio Vermont School Medellín se está agotando rápidamente y pronto tomaremos caminos distintos rumbo al futuro. La mayoría de compañeros hemos estado juntos desde el primer día en preescolar hasta la fecha de hoy, sin contar un gran número de compañeros que se unieron años más tarde y que se convirtieron en entrañables. Ahora que tenemos un pie afuera del colegio, quiero invitarlos a un pequeño viaje al pasado para recordar todo lo vivido y nunca olvidarlo.

Cómo ya se dijo antes, la mayoría de nosotros pasó toda su niñez y adolescencia en esta institución, alejada de la agitada ciudad y privilegiada con el esplendoroso verdor y la frescura del campo. Al ser la décima promoción vivimos algunos de los cambios más trascendentales del colegio, para empezar recuerden que comenzamos como grupos separados, las niñas en un salón, los niños en el otro, años más tarde, cursando segundo de primaria, los salones se mezclaron y desde entonces nacieron los más hermosos lazos de amistad que ahora tenemos y que durarán por siempre.

También fuimos testigos de los cambios en la arquitectura. Para entonces no existía la terraza, ni el puente, ni el auditorio, ni el polideportivo norte. El parqueadero era un espacio reducido al frente del bloque administrativo y ahora es una zona de juegos para los estudiantes de preescolar, el coliseo era de pocos colores y no tenía un solo ventanal, y por si fuera poco, el restaurante quedaba ubicado en lo que ahora es el bloque de artes y para llegar a este lugar era necesario subir y bajar una formidable montaña de escalones.

Pero sin duda alguna, lo mejor fueron las personas que conocimos, desde amigos de otros grados hasta los profesores que siempre se preocuparon por nosotros. Sí nos sentamos a pensar por un momento, es a este lugar y a todas estas personas quienes les debemos las personas que somos ahora. Nuestros maestros fueron más que solo personas enseñando o regañando, también fueron amigos, seres que nos animaron a mejorar, se preocuparon por conocernos, al menos un poco, y nos ayudaron cuando más los necesitamos.

Y cómo sucede en todo colegio, muchos se fueron y otros llegaron, algunos estuvieron por muy poco tiempo, otros convivieron con nosotros por años y lloramos juntos su partida. Otros llegaron como completos extraños y lograron demostrar que el tiempo no es una excusa para crear una maravillosa amistad. También vimos a muchos profesores y trabajadores partir, entre estos a un profesor que está cumpliendo su sueño de ser bombero, a un calvito metalero que aprendimos a querer y a una amorosa enfermera que se ha quedado en los latidos de nuestros corazones.

Obviamente, siempre hubo altas y bajas, hemos pasado por peleas, discusiones y mal entendidos. El salón ha estado dividido, polarizado y desunido, además, reconozcamos que aún existen ciertos baches que tal vez no se arreglen pronto. Nos hemos sacado canas verdes entre nosotros y a los profesores. A veces se nos dio confianza y terminamos pisoteándola. Ha habido quejas menores que terminaron en reuniones de coordinación. Es claro que entre estas paredes existan recuerdos que sea mejor olvidar. Y lo más probable es que cosas así vayan a seguir pasando, no es por ser pesimista sino que eso es lo más natural.

Pero también hemos probado que somos capaces de conocernos y tolerarnos el uno al otro, podemos resolver problemas diplomáticamente, y que a pesar de nuestras diferencias que separan tanto al grupo en ocasiones, podemos trabajar juntos para crear algo único. Además, al aprender de lo sucedido en el pasado estaremos preparados para el futuro. Cuando una de nosotros sufrió un accidente también recibió calor humano, cuando alguien pasó por necesidad, se le dio ayuda más allá de lo que esperaba, cuando alguien necesitó consuelo encontró un hombro para llorar y unos brazos que le abrazaron en su dolor. Nos hemos corregido y enseñado los unos a los otros, y hemos aprendido las cosas más esenciales de la vida.

Yo no soy la persona más expresiva cuando se trata de hablar ni aparento ser la más fácil de conocer, pero sí soy alguien con un corazón lleno de amor, gratitud y lealtad hacia ustedes. Este lugar ha sido mucho más que una institución educativa, ha sido nuestro hogar, nosotros hemos sido de una manera u otra una familia, llena de chistes y buen humor, apodos y peleas que parecen de telenovela. Lo cierto es que nos llevamos de este lugar un poco de cada uno y no existen palabras para agradecer todo lo que se ha hecho por nosotros para formarnos como personas, enseñándonos a cultivar cualidades como la humildad y el respeto, a vencer el miedo, la mediocridad, la inseguridad y el conformismo, convirtiendo un puñado de niñitos en las mujeres y hombres que ahora somos. Por eso lo mejor que podemos decir ahora es: GRACIAS.

Por: Pablo Silva 12A

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Información de contacto
  • Indiana Mall km 2 Vía la Fe, El Retiro, Antioquia.
  • (4) 386 0440